QUE LA VIDA SEA FÁCIL, POR FAVOR

 

Esforzarse no está de moda, eso bien lo sabemos los psicólogos.

Vivimos en la época de la comodidad, de la vida fácil, rápida, de conseguir las cosas haciendo lo menos posible o en el menor tiempo posible, de dejar para mañana lo que se podría hacer hoy…

De esta actitud frente a la vida son herederos nuestros hijos, esos a los que les exigimos buenos resultados académicos, que sean ordenados, que cumplan horarios, actividades extraescolares, que destaquen, y que se preparen a fondo para la competición de la vida.

Todos sabemos que conseguir objetivos no es tarea fácil, que exige esfuerzo y disciplina. ¿Cuántas listas de buenos propósitos acaban en la papelera sin cumplir cada año?

A veces, recibo en consulta a pacientes frustrados, con una vida muy desorganizada, que dicen que han perdido la ilusión por vivir, que nada les llena, que no tienen energía para mover un triste dedo… Y ciertamente están desmotivados, y han dejado de tener ganas.

Tras escucharles y comprender  lo que traen en su mochila, les pregunto  qué desean hacer con su vida, cuáles son las cosas que les motivan, que les mueven, o que al menos en algún momento les hacía conectar con el mundo. Enseguida se dibuja lo que ha pasado por el camino: Ante las dificultades han llegado las excusas, la pasividad y la renuncia a su vida.

Cuando estamos tristes, o las cosas no van tan bien como desearíamos, una conducta muy habitual es el abandono, en primer lugar de aquello que más nos gusta, y después si el asunto se complica, dejamos de relacionarnos, de cuidarnos, e incluso de trabajar.

Y cuanto menos hacemos menos ganas tenemos, y más hondo se hace el pozo… en espera de que se obre un milagro.

No señores, la vida no va de eso, de que un día nos levantamos y las cosas, sin hacer nada, son tal y como las deseamos. La verdad es que tenemos muy poco control sobre la vida, y no podemos ni debemos pretender que el mundo se amolde o se acople a nuestras exigencias.

La vida cuesta, y para vivir es necesario esforzarse, ponerle ganas, luchar una y otra vez.

El devenir es incierto, y  puede que nuestras metas se retrasen, o que incluso se trunquen. Por eso la mejor actitud es la de aceptar nuestra responsabilidad para con nosotros mismos y nuestro bienestar. Aceptar que la vida es lucha y compromiso, y que tal vez sea esa incertidumbre sobre el resultado final, lo que le da la sal y la gracia al hecho de vivir.

 

( Este artículo ha sido publicado en Marzo de 2016 en El Periódico de Castilla y León, en mi sección “Mientras Respires”, en las ediciones impresas de Valladolid, Salamaca y Ávila:

http://www.aquienvalladolid.com/wp-content/uploads/2016/03/AQUI-en-Valladolid-marzo-2016.pdf (pág.28)

http://www.aquienvalladolid.com/wp-content/uploads/2016/03/AQUI-en-Salamanca-marzo-2016.pdf (pág.23)

http://www.aquienvalladolid.com/wp-content/uploads/2016/03/AQUI-en-%C3%81vila-marzo-2016.pdf (pág.22)