Navidad sin nuestros seres queridos

Hace unos días, se moría el padre de un amigo mío… Y cómo no, rápidamente acudí a consolarlo y arroparlo.
“Se ha muerto de repente, Nieves” me decía con la cara desencajada y llena de lágrimas…
“Qué vamos a hacer ahora, qué va a ser de mi madre… Era un pilar fundamental, era el más vital de todos, el que nos ha levantado a todos cada vez que caíamos… no es justo… por qué, por qué…”
Pude comprender su desesperación, no solo por mi profesión, sino por haber experimentado algo similar hace ya once años, cuando en cuestión de quince días, mi padre ya no estaba conmigo.
Los seres queridos a veces se nos van, sin más, sin avisar, sin hacer ruido, sin despedirse… dejándonos perplejos, bloqueados, interrumpiendo lo cotidiano. Ocupando el primer lugar de nuestra lista de “tareas que realizar en el día de hoy”. Es en ese terrible momento donde nos damos cuenta de la relatividad de las cosas, donde nada es tan importante, ni tan prioritario, cuando la muerte acude a nuestra agenda.

La muerte no es oportuna jamás, ni esperada, ni predecible, aunque a veces parezca que se anuncia cuando llega una grave enfermedad…En especial porque no solo se pierde alguien físicamente, sino todo lo que nos unía a esa persona, el papel que ocupábamos en su vida y el que, sobretodo, ella ocupaba en la nuestra.

Muchos expertos psicólogos defienden que existen una serie de etapas en el duelo por las que suelen pasar la mayoría de las personas, existiendo a su vez una serie de procesos o fases del duelo.
El “duelo” es un tiempo de dolor, de sufrimiento por la pérdida, es un proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida (pérdida de un empleo, pérdida de un ser querido, pérdida de una relación, etc.).
Se trata de una reacción principalmente emocional y conductual, en forma de sufrimiento y aflicción, cuando el vínculo afectivo se rompe.
Pero no solo es un dolor psíquico, es un dolor también físico y social.
Algunas personas enferman, sienten náuseas, o no pueden dormir. Otras dejan de comer, adelgazan, se deprimen, o se abandonan, y se desconectan del mundo, de los amigos, de las aficiones, de las ilusiones y de la vida.
Y ese periodo de luto, si no se complica más allá de lo razonable, se prolongará el tiempo necesario para la elaboración de esta pérdida…
Y digo necesario, porque no hay un tiempo exacto para adaptarse a la ausencia del que nos dejó. Hay tiempos razonables, hay reacciones normales y menos normales… entendiendo la normalidad como algo saludable, apropiado y necesario, que ha de conducirnos a conectar de nuevo con la vida, con el día a día, a pesar de que esa persona ya no nos acompañará en ella.
En este proceso de duelo se puede pasar de la negación a la culpabilidad, de la aceptación a la identificación propia con la persona fallecida, pero lo que nunca se puede evitar es sentirnos vacíos y tristes porque ese ser querido ya no se encuentra a nuestro lado.
El duelo se puede exteriorizar con llantos, rabia, ataques violentos y un buen número de reacciones, todas ellas consideradas “normales” en esos momentos.
Para una buena elaboración y superación del duelo no es aconsejable querer huir de esas sensaciones de dolor, pues no se pueden enfrentar, ni elaborar, si no se sienten. Lo contrario es la negación de la pérdida, y puede llevarnos a comportamientos desadaptativos.
Si habéis perdido a un ser querido, es posible que paséis por todo tipo de emociones.
Es probable que estéis tristes, preocupados o asustados.
Tal vez no estéis preparados, y os notéis impresionados o confundidos.
Podéis sentiros enojados, engañados, aliviados, culpables, exhaustos o simplemente vacíos…
Vuestras emociones pueden ser más intensas o más profundas que lo habitual, o estar entremezcladas de una manera que nunca habíais experimentado…
A algunas personas les cuesta concentrarse, estudiar o comer cuando están atravesando una etapa de duelo. Otras pierden el interés por actividades que solían disfrutar. Algunos se enfrascan en juegos de ordenador o beben o comen en exceso. Y otras personas se sienten adormecidas, como si nada hubiese ocurrido.

Todas estas emociones son reacciones naturales frente a la muerte, pero como he comentado antes, existen muchos tipos de pérdidas y no todas tienen que ver con la muerte.
Una persona también puede hacer duelo tras la ruptura de una relación íntima o después de que uno de los padres, un hermano o un amigo se muden, o ante la pérdida del trabajo.
También hay procesos de duelo terribles, cuando alguien desaparece, voluntaria o involuntariamente. Y no sabemos si está vivo, o muerto, si está bien, si está enfermo, si es feliz o si está sufriendo. Este es de los duelos más complicados, porque la falta de noticias o de información impide hacer rituales de despedida, como entierros o funerales

Lo indudable es que el proceso de duelo lleva tiempo y las heridas se sanan gradualmente
La intensidad del duelo puede depender de si la pérdida fue inesperada y repentina, y de la relación que tenías con la persona que falleció.
También dependerá de tus propias fortalezas para adaptarte a los cambios y las pérdidas…

¿CÓMO ES EL TIEMPO DE DUELO?
Algunas personas escriben sobre el duelo y aseguran que se da en etapas, pero en realidad las personas comentan que se suele sentir como “oleadas” o ciclos de dolor que van y vienen según lo que estén haciendo, si están más o menos ocupados, o distraídos con lo cotidiano, y si existen elementos que les hagan recordar a la persona que murió.
Aunque cada persona tiene su propia experiencia individual de duelo, existen cuatro etapas identificables que con frecuencia son parte del proceso de recuperación: Shock, sufrimiento, adaptación y recuperación

La duración de cada etapa y el orden en que ocurren pueden variar.

SHOCK
Cuando un individuo se entera de la pérdida de un ser querido, pasan por una fase de insensibilidad o de no sentir nada que no le permite sufrir de una vez toda su angustia. Esta protección natural es un instinto valioso de supervivencia. Suele incluir una fase de negación o incredulidad, la inhabilidad de reconocer incluso que el ser querido está muerto. También, el que sufre se pregunta si podrá continuar con su vida diaria o se cuestiona si tiene sentido seguir viviendo. La vida parece no valer nada ni tener significado cuando la persona recibe la noticia de una muerte, sobre todo si es inesperada.
SUFRIMIENTO
El dolor o sufrimiento se manifiesta de muchas formas diferentes y con la rapidez que lo pueda soportar el que sufre. Después del impacto inicial por la noticia de la pérdida, la persona suele sufrir los síntomas de una depresión menor. Estos síntomas son: tristeza, fatiga, apatía y añoranza por el regreso del ser querido. Durante esta etapa, puede que la persona también se aísle y no participe en las actividades que antes disfrutaba. Al aislarse, el que sufre se sentirá aún más aislado y solo. La ira también puede aparecer en esta etapa, dirigida en una o muchas formas: hacia el ser querido, hacia la vida en general, en sí mismo o con un miembro de la familia o amigo. Puede ser difícil para el que sufre expresar claramente lo que siente cuando la ira y el dolor sobre su pérdida lo dominan. Pueden sentirse inútiles y sin control para manejar su situación.
ADAPTACIÓN
La etapa de adaptación comienza una vez que la pérdida se hace más real y la persona que sufre empieza a aceptar que su vida ha cambiado de forma permanente. Durante esta etapa, el que sufre necesitará desempeñar el papel o algunas de las tareas del ser querido que ya no está. También, el que sufre empieza a redefinir su propia identidad, teniendo en cuenta su nueva realidad.
RECUPERACIÓN
Cuando el dolor comienza a disminuir y la habilidad del que sufre regresa a la normalidad, la persona puede seguir adelante. En esta etapa final de recuperación, se pueden hacer nuevas relaciones. La mirada al futuro se vuelve positiva y la habilidad de la persona de interactuar con los demás aumentará. En esta etapa la persona se cuida más y añade más amistades y actividades en su vida.
Finalmente nos quedará como todas las grandes heridas una CICATRIZ para siempre, que anque no duele, no se olvida…

ME FALTA UN SER QUERIDO
Si perdiste a un familiar cercano, como un padre o un hermano, es posible que sientas que te robaron el tiempo que deseabas pasar con esa persona. Y puedes sentirte enfurecido por ello, e incluso cuestionarte tus creencias y valores sobre la fe y la vida.
También puede resultar difícil expresar tu propia aflicción cuando los demás integrantes de tu familia también están afligidos.
Algunas personas esconden su tristeza, o sus ganas de llorar, o evitan hablar de la persona que falleció, porque tienen miedo de entristecer a un padre o a otro integrante de la familia. También es natural sentirse culpable por una discusión pasada o una relación compleja con la persona que murió. Por no haber podido hablar algunas cosas, o haberlo besado, o abrazado, o expresado cuanto le queríamos…
Estos sentimientos se acrecientan aún mucho más en NAVIDAD, una época familiar que tradicionalmente ha sido defendida como una celebración religiosa y espiritual en la que todos debemos ser felices y mantenernos unidos.
Si bien estas cuestiones se han ido perdiendo poco a poco con el paso de los años y, sobretodo, con la llegada de nuevas generaciones poblacionales, es normal sentir algo de tristeza en estas fiestas, porque en momentos pasados las vivimos –felices- con aquellos familiares o seres queridos que ya no están.
Las familias se juntan, los que están alejados, regresan a casa…
Hay un esfuerzo de unión, no siempre deseado, aceptado, o con sentido. Pues en muchas ocasiones las familias están desunidas o algunos de sus miembros enfrentados. Pero este sería otro tema.
Y si la pérdida del ser querido es reciente, la Navidad ese año pierde su sentido, y no apetece, o no se celebra, o se celebra mecánicamente, sobre todo si hay niños…
Y si es el primer año sin el ser querido, la tristeza lo invade todo por su ausencia. Y se le echa de menos, y se le llora…
Sentimos que la Navidad ya no es la misma porque esas personas ya no están, pero se nos olvida una cosa:
La Navidad puede seguir siendo vivida con alegría y con felicidad, si la tomamos como otro momento más en nuestras vidas, como otra época más del año, en la que se reúne la familia y en la que hacemos regalos.
Esa persona nos va a faltar siempre, sea una fecha u otra, la vida tiene que continuar, y no es razonable magnificarlo.
Habrá otras fechas, porque cuando alguien nos falta, hay un primer no cumpleaños, hay un primer no aniversario… porque la vida transcurrirá y seguirá ya sin él…
Y debemos aceptar que físicamente ya no se encuentra con nosotros, pero no por eso ya no existe. Nada nos impide, incluso en Navidad, y en todas las navidades o nacimientos de un nuevo día, tener a esa persona presente, en nuestro corazón, en nuestros pensamientos, en nuestras conversaciones. Al recordarlo cada día, al ver objetos, cosas, lugares que compartimos con esa persona.
Vemos que todos estos sentimientos y reacciones son normales. Y que hay que concederse un tiempo, que hay que ser compasivos con nosotros mismos ante este tipo de sufrimiento.
También vemos que se supera, que se puede superar, que podemos resistir mientras la herida va cicatrizando. Que aprenderemos a vivir sin esa persona, a superarlo, sin por ello dejarla en el olvido. Lo vemos en otras personas que ya lo han pasado…
¿Pero cuánto tiempo durará este duelo, y qué podemos hacer para hacerlo más llevadero? ¿Cómo vamos a seguir adelante sin la persona que falleció?

ENFRENTAR EL DUELO
Así como la gente siente el duelo de muchas maneras diferentes, también lo maneja de manera diferente.
Algunas personas buscan el apoyo de otras y encuentran alivio en los buenos recuerdos. Otras tratan de mantenerse ocupadas para alejar su mente de la pérdida. Algunas personas se deprimen y se alejan de sus amigos o evitan los lugares o situaciones que les recuerdan a la persona fallecida.
A algunas personas, las puede ayudar hablar con otros de su pérdida. Algunas lo hacen natural y fácilmente con amigos y familiares; otras hablan con un terapeuta profesional.
Algunas personas quizás no sientan ganas de hablar mucho del tema, porque les cuesta encontrar palabras para expresar una emoción tan profunda y personal, o se preguntan si hablar les hará sentir más dolor. Esto está bien, siempre y cuando encuentres otras maneras de hacer frente a tu dolor. Hay que canalizar el dolor, no podemos dejarlo dentro.
En algunos casos, la gente canaliza su dolor involucrándose en actividades peligrosas y autodestructivas. Hacer cosas como beber, drogarse o cortarse el cuerpo para escapar de la realidad de una pérdida puede aplacar el dolor, pero la sensación es únicamente temporal. La persona no está realmente enfrentando el dolor; simplemente lo está enmascarando, lo que hace que esos sentimientos se acumulen en el interior, prolongando el duelo.

Si el dolor parece empeorar, si sientes deseos de lastimarte a ti mismo o tienes pensamientos suicidas, habla con alguien en quien confíes y dile cómo te sientes.

QUÉ ESPERAR
Puede parecer imposible recuperarse después de perder a un ser querido. Pero la aflicción mejora gradualmente y se vuelve menos intensa con el tiempo. Tal vez, saber algunas de las cosas que puedes esperar durante el proceso de duelo pueda ayudarte a superar el dolor.
Los primeros días después de la muerte de una persona pueden ser intensos, la gente puede expresar emociones fuertes, tal vez llorar o consolarse mutuamente y reunirse para expresar su apoyo y sus condolencias a quienes se ven más afectados por la pérdida. Es normal que sientas que “te estás volviendo loco” y que sientas mucha ansiedad, pánico, tristeza e impotencia. Algunas personas dicen tener una sensación de “irrealidad”, como si estuviesen mirando el mundo desde un lugar lejano. Otras se sienten malhumoradas, irritables y con resentimiento. Ya hemos comentado que esto es normal e incluso necesario.
La familia y los amigos suelen participar en rituales que pueden ser parte de su religión, su cultura, su comunidad o de sus tradiciones familiares (como servicios religiosos, velatorios o funerales). Estas actividades pueden ayudar a la gente a superar los primeros días posteriores a la muerte y a honrar a la persona que murió. La gente puede pasar algún tiempo reunida conversando y compartiendo recuerdos de la persona que falleció. Esto puede extenderse por días o semanas después de la pérdida y los amigos y la familia llaman o pasan a visitarte.
Muchas veces, la gente muestra sus emociones en este período. Pero, en ocasiones, una persona puede estar tan sorprendida o superada por la muerte que no demuestra las emociones en forma inmediata, aun cuando la pérdida sea muy terrible. No es nada raro ver a las personas sonriendo y hablando con otras en un funeral, como si nada triste hubiese ocurrido. Pero estar junto a otras personas que atraviesan el duelo puede brindar cierto alivio y recordarnos que algunas cosas continuarán igual que antes.
En algunos casos, cuando terminan los rituales asociados con el duelo, la gente puede sentir que deberían haber “superado” la pérdida porque todo parece haber vuelto a la normalidad. Cuando la gente que está de duelo regresa a sus actividades normales, puede resultarle difícil entregarse de lleno a las tareas de todos los días. Muchas personas vuelven a realizar sus tareas normales después de unos pocos días o de una semana. Pero si bien es posible que no hablen tanto de su pérdida, el proceso de duelo continúa.
Es natural continuar teniendo sentimientos y preguntas durante un tiempo después de la muerte de una persona. También es natural comenzar a sentirse un poco mejor. Depende mucho de la manera en que la pérdida afecte tu vida. Está bien estar afligido durante días, semanas, o incluso más tiempo, según cuán cercana era la persona fallecida.
No importa cómo elijas pasar tu duelo, no existe una manera correcta de hacerlo. El proceso de duelo es gradual y dura más en algunas personas que en otras. Puede haber momentos en los que pienses que nunca disfrutarás de la vida de la misma manera, pero ésta es una reacción natural después de una pérdida.

CUÍDATE A TÍ MISM@
La pérdida de un ser querido puede ser estresante. Cuidarte a ti mismo en cosas pequeñas, pero importantes, puede ayudarte a enfrentarla. Aquí hay algunas cosas que quizás te ayuden:
• Recuerda que la aflicción es una emoción normal. Debes saber que la aflicción puede desaparecer (y va a desaparecer)
• Participa en los rituales. Los servicios religiosos, los funerales y otras tradiciones ayudan a la gente a superar los primeros días y a honrar a la persona que falleció.
• Reúnete con otros. Incluso las reuniones informales de familiares y amigos brindan una sensación de apoyo y ayudan a la gente a no sentirse tan aislada durante los primeros días y semanas del duelo.
• Cuando puedas, habla de ello. A algunas personas les ayuda contar la historia de su pérdida o hablar de sus sentimientos. En ocasiones, una persona no tiene deseos de hablar. Eso también está bien. Nadie debe sentirse presionado a hablar.
• Exprésate. Aun cuando no sientas deseos de hablar, encuentra maneras de expresar tus emociones y tus pensamientos. Comienza a escribir un diario sobre los recuerdos que tienes de la persona que perdiste y de cómo te sientes desde la pérdida. O escribe una canción, un poema o un tributo a la persona que falleció. Puedes hacerlo de manera privada o compartirlo con otros.
• Haz ejercicio. El ejercicio puede cambiar tu humor. Puede resultar difícil sentirse motivado; por lo tanto, modifica tu rutina normal si es necesario.
• Aliméntate bien. Seguramente tengas deseos de saltear comidas o quizá no tengas hambre, pero tu cuerpo necesita comida nutritiva.
• Únete a un grupo de apoyo. Si consideras que puede interesarte o venirte bien, infórmate de cómo unirte a uno. Lo que debes recordar es que no tienes por qué estar sólo con tus sentimientos o tu dolor.
• Expresa y libera tus emociones. Si tienes deseos de llorar, no te reprimas. No te preocupes si escuchar determinadas canciones o realizar algunas actividades resulta doloroso porque te trae recuerdos de la persona que perdiste. Esto es normal. Después de un tiempo, será menos doloroso.
• Crea un memorial o un tributo. Planta un árbol o una planta, o recuerda a la persona con algo saludable, como participar en una maratón o caminata a beneficio (por ejemplo, una carrera por el cáncer de mama) en honor del ser amado.

PEDIR AYUDA SI EL DUELO ES INTENSO
Si tu dolor no disminuye después de un tiempo de la muerte del ser amado, es posible que desees recibir ayuda. Si el duelo se transformó en depresión, es muy importante que se lo digas a alguien.
¿Cómo saber si el duelo está durando demasiado tiempo? Éstas son algunas de las señales:
• Has estado de duelo durante 4 meses o más y no te sientes mejor.
• Te sientes deprimido.
• Tu dolor es tan intenso que sientes que no puedes continuar con tus actividades habituales.
• Tu dolor está afectando tu capacidad para concentrarte, dormir, comer o socializar como lo hacías normalmente.
• Sientes que no puedes continuar viviendo después de la pérdida, o piensas en el suicidio, la muerte o en lastimarte a ti mismo.
En cierta medida, es natural que una pérdida haga que las personas piensen en la muerte. Pero si la pérdida ha hecho que pienses en el suicidio o en lastimarte a ti mismo de alguna manera, o si sientes que no puedes continuar viviendo después de tu pérdida, es importante que se lo digas a alguien de inmediato.
La ayuda de un terapeuta profesional puede serte útil, porque te permite hablar de tu pérdida y expresar sentimientos intensos.

¿ALGUNA VEZ LO SUPERARÉ?
Los amigos y familiares bien intencionados pueden decirle a una persona que está de duelo que necesita “seguir adelante” después de una pérdida. Lamentablemente, este tipo de consejo puede hacer que las personas duden en hablar de su dolor o que sientan que están haciendo un mal duelo o uno demasiado prolongado, o que no son normales. Es útil recordar que el proceso de duelo es sumamente personal e individual: no existe una manera correcta o incorrecta de hacer duelo. Cada persona necesita su propio tiempo para encontrar alivio.
Sin embargo, es importante que las personas que están atravesando un duelo no pierdan las ganas de vivir. Si no te gusta la idea de seguir adelante, tal vez la idea de “continuar” te parezca más adecuada. A veces, puede ayudarte recordarte a ti mismo continuar haciendo todo lo que puedas por el momento. Permítete estar triste e intenta no escaparte de tus emociones. Pero continúa haciendo cosas que normalmente harías, como estar con amigos, ocuparte de tu mascota, practicar ejercicio o hacer tus tareas cotidianas

DEJAR MARCHAR NO SIGNIFICA OLVIDAR
Seguir adelante y aliviar la aflicción del duelo no significa olvidarse de la persona que has perdido. Volver a disfrutar de la vida no significa dejar de extrañar a esa persona. Y cuánto tiempo pasará hasta que comiences a sentirte mejor no es una medida de cuánto amabas a esa persona. Con el tiempo, gracias al cariñoso apoyo de la familia y los amigos, y a tus propias acciones positivas, descubrirás maneras de enfrentar hasta la peor de las pérdidas.

Pronto será Navidad… y en nuestros hogares serán todos los que están y estarán todos los que son…
Porque los ausentes viven en nuestros recuerdos y en nuestro corazón…