¡PRIMERO YO!

¿A usted le parecería un buen consejo que un terapeuta le propusiera ser egoísta?

Probablemente se escandalizaría… Eso no entra dentro de los esquemas para los que la mayoría hemos sido educados.

Hemos crecido con la idea “marcada a fuego” de que no debemos defraudar a quienes nos quieren, que debemos  ser el orgullo de nuestros padres y educadores,  y estar siempre disponibles para nuestros amigos, nuestros hijos, el prójimo…

Ser egoísta es algo malo, lo correcto es ayudar a los demás, y si no lo haces debes sentirte culpable y mezquino.

Son muchos los adultos que se han convertido en personas sin vida propia,  que viven una vida de sacrificio por y para los demás, que son amables y complacientes con los hijos, con la pareja, con los amigos, los compañeros ¡Menos consigo mismos!

Han dejado relegados sus propios sueños y deseos tal vez por pena, o por  quedar bien, o por el miedo a su conciencia, esa “voz interior” que les recuerda que hay que sacrificarse por los otros. Y por la idea, también equivocada, de que al final del camino la vida les premiará tanta abnegación.

Y no son pocas las veces, que tanta entrega hace que las personas se sientan vacías, desilusionadas, incompletas, frustradas…

¿Y si ese terapeuta le dijera, que ser de vez en cuando el protagonista de sus guiones, puede ser saludable y contribuir a su felicidad?

Cuando dejamos de soñar, cuando dejamos de considerar importantes nuestros deseos y necesidades, es como si nos perdiéramos, como si dejáramos de existir, no somos nosotros, ¡somos los otros! Y los otros son transitorios – ya sea la pareja, los hijos, los padres, los amigos- no van a estar ahí siempre, pero nosotros, nosotros… ¡nos acompañamos toda la vida!

Estamos hablando de un egoísmo sano, que lleva a considerar una parte de nuestro yo, como algo sumamente importante para ser feliz, incluso para ser mejor persona.

Estamos hablando de que no tiene nada de malo querernos, y disponer de un tiempo para hacer aquello que nos gusta, y luchar por alcanzar nuestros sueños.

Atender lo nuestro es considerar que merecemos la pena, es respetar nuestras necesidades y sentimientos.

El egoísmo sano, es ese”amor propio” que nos lleva a decir “no” de vez en cuando, y a anteponer nuestros asuntos sin tener que dar explicaciones y sin sentirnos culpables.

Un amor responsable, que no se niega a ayudar y cuidar a los demás, pero que también se cuida a sí mismo y  que no se olvida que tiene que velar por una vida propia. Porque cuando nos queremos, nos gustamos y nos cuidamos, es cuando verdaderamente podemos dar a los demás lo mejor de nosotros mismos…

 

Este articulo ha sido publicado en Abril de 2016 en el Periódico de Castilla y León, en las ediciones impresas de Aquí en Valladolid y Aquí en Salamanca:

http://www.aquienvalladolid.com/wp-content/uploads/2016/03/AQUI-en-Valladolid-abril-2016.pdf (pág.30)

http://www.aquienvalladolid.com/wp-content/uploads/2016/03/AQUI-en-Salamanca-abril-2016.pdf (pág. 21)