Los seres humanos no nos llevamos muy bien con la incertidumbre, necesitamos sentirnos seguros, dominar y controlar lo cotidiano.
Nos esforzamos en minimizar nuestra vulnerabilidad, tratando de elegir bien y sin error, como una garantía para poseer una vida estable y sin sobresaltos. Queremos adelantarnos al futuro y dominar los acontecimientos, pero el mundo y la vida que conocemos es inestable.
La tendencia generalizada, y por supuesto aprendida, es la búsqueda constante de seguridad externa. De ahí que nos procuremos protección dentro de una vida planificada, organizada y mimetizada con el orden social, cultural y familiar establecido.
Y como nada nos ha de coger por sorpresa, lo aseguramos todo, las casas, los coches, la jubilación, la vida y la muerte…
Son numerosas las personas para las que equivocarse es el más terrible defecto de fábrica, siendo su vida una constante obsesión por alcanzar la perfección en todos y cada uno de sus actos. Algunos viven amargados muchos años por algo que eligieron y que no salió como esperaban, otros viven en una indecisión constante y patológica a la hora de tomar decisiones.
También hay personas que creen que la seguridad está en el control obsesivo del presente, y se preocupan por todo tipos de “amenazas”, propias y ajenas. Su vida transcurre en un estado de miedo e hipervigilancia, que les hace caer en un estado de ansiedad generalizada, indefensión y depresión.
Es cierto que gracias a la inquietud y curiosidad humana hemos conseguido avanzar en muchos ámbitos.
Pero… pretender controlarlo todo ¿no es la más horrible de las esclavitudes? ¿No podemos llegar a vivir con dudas, e incertidumbre, y sin saber?
Queremos adelantarnos al futuro y dominar los acontecimientos, pero el mundo y la vida que conocemos es inestable, y la seguridad externa que tanto anhelamos, realmente no existe.
¿Estamos perdidos en medio de estas arenas movedizas?
Afortunadamente, no.
La vida tiene motivación y sentido en todos y cada uno de los presentes bien vividos. Nuestro equilibrio emocional interno puede ser la clave para vivir sin miedo, o al menos para no sufrir por amenazas o peligros potenciales. Podemos vivir con dudas, podemos disfrutar de la vida a pesar de la incertidumbre. Podemos vivir sin respuestas y sin saberlo todo, sin que esto signifique un Carpe Diem insensato o que sea indiferente frente a lo que nos rodea.
La verdadera fortaleza ante la adversidad y la incertidumbre está en la autoconfianza, en el aprendizaje continuo convertido en herramienta para seguir hacia adelante con valentía. Confiar en nuestra capacidad para dar respuesta a las diferentes situaciones que aparecen por el camino, y concretarlo diariamente en todos y cada uno de los desafíos que aparecen cada amanecer.
No tengáis miedo de no saber qué pasará mañana, y ocuparos de entrenar vuestro conocimiento presente. Vivid cada día con presencia y conciencia plenas. Descubrid que es posible vivir sin respuestas…